Una pregunta para este fin de año: como catequistas, ¿hay algo que valga la pena celebrar en estos tiempos? No solo creemos que sí; además, nos parece necesario. La celebración nos parece hoy un gesto de una importancia extrema. Sabemos bien que -desde el relato de la creación del Génesis, y de allí en adelante- existe esta necesidad de detenerse para descansar, para contemplar y gozarse en lo hecho. Nuestro domingo -ese espacio de tiempo en el cual nos detenemos y para agradecer lo recibido- es un momento necesario para nuestra vida. El sabat judío o el domingo cristiano son un reconocimiento de “nuestra necesidad de espacio y tiempo, rescatados de la prisa y las presiones de la vida cotidiana, para descansar, repasar y revelar” (Stephen Nachmanovitch). Es posible que una de las invenciones más revolucionarios de la historia haya sido esta: la invención del tiempo del descanso y el agradecimiento. La Junta Nacional de Catequesis nos propuso que durante este año nos preparáramos para el ENCA, el Encuentro Nacional de Catequesis. Esta preparación está dividida en dos momentos: 1- Un momento para reflexionar acerca de nuestra identidad catequística. 2- Un momento para celebrar nuestra vocación, el llamado que hemos recibido. El objetivo del segundo momento es el de celebrar comunitariamente el llamado de Dios para el servicio en la catequesis. Esto implica: la toma de conciencia que es el Señor quien nos convoca en torno a la Palabra y la revalorización de la vocación como don de Dios. También la memoria agradecida del llamado del Señor en nuestra Comunidad, con sus carismas personales y sus notas distintivas. Dicen: “este momento apunta a ser una reflexión que suscite en el corazón el agradecimiento por el llamado que el Padre nos hace porque nos ama y nos ha elegido para acompañar como Él lo hizo y lo hace, siendo servidores de cada persona en su situación concreta, que implica siempre conversión, entrega, docilidad al Espíritu a ejemplo del “Emmanuel” Dios-con-nosotros, que se encarna, se hace cercano. Este momento intenta ser de fuerte tono motivador, que revalorice el llamado como vocación, como servicio concreto a los hermanos en la Iglesia, que reclama una constante respuesta, que este llamado es gratuito, que Dios nos dará la gracia para responder y que nos exige conocer y vibrar con la cultura de nuestra historia. Es un servicio que la comunidad valora, reconoce y les agradece a los catequistas”. La celebración de nuestra vocación -ese alto en nuestra tarea para contemplar, agradecer y celebrar- no es solo acto de justicia hacia Dios y a nuestra comunidad. Es una necesidad. En estas semanas finales del año en las que el cuerpo “duele” y la mente está cansada, la invitación de la Junta Nacional de Catequesis es un llamado al agradecimiento y a la celebración por lo mucho que se ha logrado. Y lo mucho que se ha recibido. Mariano Nicolás Donadío